viernes, 8 de marzo de 2013

EVANGELISMO CELULAR: UN CAMBIO DE PARADIGMA





LA URGENTE NECESIDAD DE CAMBIOS EN EL EVANGELISMO.

La Gran Comisión que Jesús dio a su iglesia es hacer discípulos para el Reino de los Cielos. Cada miembro de iglesia ha sido elegido, llamado, equipado y enviado de manera especial por el Señor para discipular a los hombres. Dios ha dado a cada miembro de su iglesia talentos naturales, dones espirituales, influencia personal, oportunidades y todos los recursos necesarios a su alcance para cosechar mucho fruto en la multiplicación  de discípulos. Sin embargo, la principal debilidad de la iglesia sigue siendo la falta de compromiso serio de la mayoría de sus miembros para emprender esta obra. Por eso la iglesia continúa tibia y mediocre. El Señor sigue esperando que su pueblo experimente un verdadero reavivamiento y reforma que le dé la victoria final. Para que exista un buen sistema de discipulación en la iglesia, es necesario que primeramente se mejore el sistema de evangelismo. Solamente se puede discipular a los que previamente fueron evangelizados adecuadamente, se convirtieron y bautizaron.

Como sucede en la vida natural, así sucede en la vida espiritual. Para sembrar buenos hábitos en la vida de los hijos, y educarlos para que sean útiles, primero tienen que ser engendrados. Es necesario que los padres sean sanos y tengan un hogar bien constituido. El proceso de gestación debe brindarles las mejores influencias posibles y el nacimiento debe ser de manera normal. Se requiere que la familia los espere y acoja con mucho amor y tiene que estar preparada para brindarles el mejor ejemplo y todo lo necesario para su normal desarrollo. Hay  enfermedades que impiden totalmente engendrar hijos y otras que ponen en riesgo de engendrarlos defectuosos, enfermos o débiles. Cuando al nacer, los hijos carecen de un hogar bien constituido que les brinde afecto, protección, seguridad y educación adecuados, los hijos sufren mucho, se enferman, y hasta pueden morir. Los que sobreviven generalmente sufren graves desviaciones conductuales, menguando significativamente su potencial de utilidad o convirtiéndose en una carga para sí mismos para sus padres y para la sociedad.

En nuestros días podemos ver que estos fenómenos se producen también en la iglesia. Algunas  iglesias y congregaciones completas, y generalmente la mayor parte de la feligresía están enfermos de graves pecados, a veces imperceptibles, que les impide engendrar y multiplicar hijos espirituales. Así, muchos permanecen estériles, privando a Dios y a los hombres, la oportunidad de ser transmisores de la vida eterna, arriesgando su salvación. Los que persisten sin llevar fruto ni se multiplicarse, terminan decepcionados y frustrados por una religión devaluada y sin sentido. Son arrastrados por la corriente de este mundo, apostatan y con su mal testimonio arrastran a los más débiles. Ocurre también que algunos logran engendrar vida espiritual en los pecadores, pero de pronto los vemos morir como abortivos antes de llegar al nuevo nacimiento. Posiblemente no hubo suficiente fortaleza y salud espiritual por parte de los progenitores espirituales, o sufrieron alguna mala influencia por parte de los miembros de iglesia estériles. 

Lo que mayormente se ve, es que los pecadores conducidos al nuevo nacimiento, no perseveran y apostatan en poco tiempo. Esto ocurre porque la iglesia no está preparada para evangelizar satisfactoriamente y peor aún para discipular. Los recién nacidos sufren la carencia una familia espiritual amorosa y bien constituida, que los acoja y les brinde todo el apoyo y las oportunidades necesarias para crecer saludablemente hasta convertirse en líderes poderosos en la palabra de Dios. Los que sobreviven a la alarmante apostasía, generalmente permanecen inactivos. Si algunos logran sobresalir como líderes, son algo así como plantas silvestres. Esta triste situación de la iglesia debe cambiar urgente y radicalmente. El cambio debe comenzar en forma personal con cada miembro de iglesia, y continuar en los grupos celulares, desarrollando un nuevo sistema de evangelización y discipulación en equipo. Cuando decimos nuevo, no significa que realmente esto sea nuevo en sí mismo, porque ya fue en los tiempos de la iglesia apostólica primitiva. Es nuevo en el sentido que, como por mucho tiempo no lo hemos practicado, estamos procurando retornar a las sendas antiguas que nos dejaron como ejemplo nuestro Señor Jesús y sus discípulos. Estos cambios en la manera de evangelizar y discipular es todo un proceso de aprendizaje que implica  grandes desafíos para todos los que verdaderamente aman a Dios a su prójimo y la segunda venida de Cristo. Implica estudiar, meditar, aprender, descubrir y usar el poder de la devoción personal, los dones espirituales, la lluvia tardía, el fuerte pregón, la oración intercesora, el ayuno, la reforma pro salud, el liderazgo y la influencia personal, las relaciones personales, el trabajo en equipo, la piedad práctica, etc. etc. Implica también desaprender y olvidar muchos aspectos de las formas tradicionales de evangelizar y discipular del sistema centrado en programas.

Los métodos tradicionales de evangelismo, aun cuando han permitido conseguir grandes cantidades de bautismos, han resultado ser siempre inconsistentes para producir un verdadero crecimiento explosivo de la iglesia. Los esfuerzos más ambiciosos para conservar a los recién bautizados, por lo general sólo han logrado conservar entre el 2 y 3 por ciento de la cosecha.  Además, los métodos y estrategias evangelísticas tradicionales, han mal acostumbrado a la iglesia en varios aspectos. Por ejemplo: Por ser intermitentes, es decir cíclicos, que carecen de constancia, cada oleada de esfuerzo intensivo y lleno de entusiasmo, es seguido por una calma y relajamiento que enfría a la iglesia, haciendo difícil vencer la inercia para volver a empezar. El liderazgo y los ministerios están centralizados en pocas personas especializadazas o expertas, sobrecargándolas  de responsabilidades mientras que otros permanecen inactivos, como espectadores. No se facilitan oportunidades para que todos se desarrollen hasta ser líderes.

Una muestra de evangelismo en grupos celulares, revela que por lo menos el 75 por ciento de creyentes que nacieron de nuevo, no fue por asistir a un culto o a un programa de la iglesia que visitaron.¡Fue porque desarrollaron una relación personal con un creyente! La pregunta es entonces: ¿Por qué dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo al “evangelismo” a través de programas o campañas de conferencias siendo que las personas son más afectadas por las relaciones personales? Dentro de la respuesta a esa pregunta sencilla se encuentra la belleza y el potencial del evangelismo celular.

Roling Zelaya Rabanal.
Pastor distrital de la Misión Peruana Del Sur UPS.