jueves, 13 de octubre de 2011

INMEDIATISMO CONTEMPORÁNEO Y EL CRECIMIENTO DE IGLESIA


El individualismo del hombre y los cambios rápidos y continuos del ambiente en que se encuentra son dos de los elementos a analizar. El día a día sugiere repetidamente la aceleración en el consumo y descarte de objetos comprados o costumbres adquiridas sumado al deseo individualizado del hombre en “superarse” casi siempre por encima de los otros, sin importar decididamente su relacionamiento corporativo con los individuos que le rodean, promovido por la estima que tiene la sociedad a los valores extrínsecos tangibles (dinero, posición, influencia y fama), antes que valores intrínsecos intangibles (amor, honor, honestidad, paz y felicidad), hacen de él un buscador incansable de resultados rápidos.



CONSUMO Y DESCARTE

Hannah Arendt describe en la economía la situación del hombre: “la economía del desperdicio, en la cual todas las cosas deben ser devoradas y abandonadas casi tan rápidamente cuanto surgen en el mundo, a fin de que el proceso no llegue a un fin repentino y catastrófico” . Los cambios sociales, políticos, culturales, acompañados con la velocidad y el volumen de información. La rapidez con que la tecnología cambia el vivir cotidiano, formándose en el paso nuevos códigos y comportamientos . envuelven a todos la sensación que todo viene y a la vez se queda atrás, el presente nuevo es cambiante y casi de inmediato pertenece al pasado, esto hace que el receptor se adhiera rápidamente a ese mismo ritmo de consumo y descarte, plasmándolo en sus actividades cotidianas.



PERSONALIDAD Y UNIDAD

El hombre es un ser personal que desea vivir en comunidad. Tomas de Aquino lo expresa utilizando la palabra microcosmos para describir al hombre, así somos entes influyentes e influenciados, de esta manera el desarrollo humano se basa en el relacionamiento en comunidad y conservación de la identidad, ambas partes se protegen una a otra, sin embargo hoy se observa la contraparte de estos dos elementos. El ser humano individualista desea recibir apoyo grupal, espera la aceptación de la sociedad sin el deseo de tocar sus concepciones individualistas para ser aceptado por su esfera relacional, ésta le impone determinadas normas de aceptación, al recibirlas pasa a ser parte de un sistema de reglas que le son impuestas por la sociedad, a esto llamamos alienación, de esta manera se convierte inconscientemente en un ser masificado, robotizado, sin posibilidad de iniciativa y creatividad, sujeto a normas que le causan infelicidad, impaciencia y sentido de insatisfacción a lo que Diana Andreia explica:

“El ser humano no es visto como la categoría fundamental; esta categoría pasa a ser el todo, o sea, la institución, el estado, la organización. Tenemos allí la concepción totalitaria, colectivista, de mundo. Las conductas de masificación, de anonimato, la predominancia de la burocracia son consecuencias de tal visión del mundo y del ser humano”.

Con este modelo se tiene la tendencia continua de abandonar contantemente los principios que rigen su vida. Su identidad está conducida por la forma en que lo absorbe el todo, por tanto la identidad es movimiento, es desarrollo del concreto, identidad es metamorfosis. Por lo tanto la identidad está en constante proceso de cambios. Porque el inmediatismo exige el éxito a corto plazo, pero lo contradictorio es que no da tiempo ni espacio para que esto suceda originando satisfacciones cortas e insatisfacciones largas.

“El inmediatismo (que es la consecuencia del individualismo) lleva uno a vivir una vida carente de sentido. En el desarrollo de la personalidad tiene mucha importancia el sentido social, el sentido comunitario; el ser humano es relacional y si falla esa relación humana, falla también el encuentro consigo mismo, la propia realización personal, y es fácil que pierda o no desarrollo convenientemente el sentido crítico, debido al alto nivel de individualismo e inmediatismo. Esto implica una obediencia a modelos impuestos por deseo de aceptación o necesidad y muchas veces contradiciendo sus propios deseos o sueños”.

La competencia a todo nivel donde los de atrás vienen galopando tratando de ocupar nuestro puesto o los otros amenazados por nuestro “avance” hace que favorezca el individualismo y sea menos posible la comunidad, sumado al valor numérico que le da la sociedad al éxito hacen que el logro sea la excusa solapada en la utilización de diferentes medios rápidos para la concreción de propósitos individuales aparentemente favorables al sistema y al individuo, sin embargo con grandes vacíos y necesidades de satisfacción personal.



MODELO BÍBLICO FRENTE AL INMEDIATISMO

Estamos inmersos en un mundo donde diariamente nuestras mentes están siendo bombardeadas por modelos sociales, a diario los medios de comunicación nos dan por sentado el éxito de los mismos, necesitamos buscar modelos bíblicos para afirmar nuestras perspectivas de trabajo y liderazgo, si creemos todavía que el libro inspirado tiene vigencia en la dirección de nuestras formas de vida como lo dice el Apóstol Pablo, 2 Tim 3:16,17 (NVI) “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto equipado para toda buena obra” (la cursiva es mía) es necesario considerarlo como una guía real.



COMUNIDAD EN LA DIVERSIDAD

La Biblia redunda en la conservación del hombre como ser individual y a la vez desea que viva en comunidad. No viola su capacidad de decidir, desea una obediencia consiente y no forzada, Jn. 14:15 (NVI) “si ustedes me aman obedecerán mis mandamientos”, Jer. 21:8 (NVI) “Y a este pueblo adviértele que así dice el SEÑOR: Pongo delante de ustedes el camino de la vida y el camino de la muerte”. El texto Bíblico no acepta una obediencia entre dientes, alienada por el deseo de aceptación suprimiendo su personalidad, exalta la obediencia alegre, movida por el amor. Sin embargo considera imperativo su vivencia en comunidad, Lv. 19:18; Mt 5:43; 22:39 (NVI). “… ama a tu prójimo como a ti mismo”, podríamos decir que este versículo resume el deseo de Dios para el ser humano, conservando su personalidad y viviendo en comunidad. El apóstol Pablo recurre a la ilustración del cuerpo humano donde cada pieza es fundamental en su funcionamiento, 1 Cor 14: 27 (LBA) “Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él” (la cursiva es mía). Al miembro se le respeta y ama por la función individual que desempeña, esto no le da autoridad para manipular ni coaccionar a sus hermanos, así todos son iguales, ya que la cabeza es Cristo, así todos comparten en libertad y comunión sus anhelos. La armonía está en el sometimiento de los unos a los otros. Sólo cuando nos apartemos del modelo de gobierno representativo que tiene la iglesia adventista con la dirección del Espíritu Santo en todos sus niveles, estaremos alejándonos de la perspectiva bíblica de liderazgo.

Se tiene el riesgo que la preocupación del objeto de salvación sea sustituida por los logros personales aparentemente satisfactorios para nosotros y el grupo social en que podemos encontrarnos haciendo de nuestros discípulos piezas útiles en el mecanismo de producción de la iglesia. La ansiedad en lograr resultados inmediatos puede producir miembros con valores de vida muy bajos, quedando rezagada la formación integral del miembro de iglesia (salud, familia, economía y espiritualidad) produciendo a posteriori un mal testimonio de vida y familia.

El peligro es que en estos últimos 10 años no se hayan desarrollado líderes a tal punto que podamos encontrar en las reuniones los mismos rostros de aquellos que fueron formados años pasados, pero ahora con más arrugas. Quizás sea porque dentro de nuestra iglesia los mismos hermanos estén habituados a resultados inmediatos y no tener la paciencia de formar discípulos. Nosotros mismos inconscientemente estemos ayudando en cimentar ese hábito al visualizar nuestro éxito en el bautismo del nuevo miembro como punto cumbre de nuestras realizaciones, así el hermano de iglesia aplica las mismas formas al trabajar con sus estudiantes de la Biblia. Russell Burril explica el modelo de Jesús:

“El no dio proyectos elaborados, ni grandes gráficos organizativos; simplemente organizó y capacitó a un grupo pequeño. Y cambió el mundo. No estaba preocupado por construir grandes instituciones; estaba preocupado por construir personas” .

Siempre dirigimos nuestras miradas al modelo de crecimiento de iglesia de Jesús. Si podríamos definir hoy el éxito de Jesús siguiendo la perspectiva actual diríamos que hubo un aparente fracaso, sólo tuvo 12 discípulos y 70 miembros en tres años que al final llegaron a ser 120. Sin embargo su labor consistió en multiplicarse en los 12 discípulos, los formó por espacio de 3 años. Considerando esto, un discípulo no se puede formar con una semana de seminarios, tampoco es un líder cuando se le entrega un certificado, un discípulo se forma con una vivencia continua, involucra impartir el conocimiento y verse aplicando los mismos. Allen Howe lo explica así:

“El adiestró a unos pocos con los que tuvo una relación personal muy estrecha; nosotros adiestramos a muchos que simplemente pasan por nuestras escuelas pensando en un examen y en un llamado”

El riesgo es que estemos absortos en planes y proyectos, buscando métodos novedosos, estructurando ideas y estos a la vez dándonos resultados inmediatos, pero no como los que Jesús ni los discípulos tuvieron, luego casi inmediatamente cambiar a otros nuevos y así continuar con ese mismo círculo. Puede ser que nuestro interés sea salvar nuestro espacio de tiempo con resultados mediatos, esperando que el siguiente realice lo mismo, así las posibilidades de desarrollo sostenido se hace cada vez más lejano.

Lo inquietante es que conociendo nuestras falencias de a pocos pasemos a adaptarnos al sistema social en que nos encontramos y vivamos acallando nuestra satisfacciones de realización.




BIBLIOGRAFÍA

1. ANDREIA DE SOUZA, DIANE. El Inmediatismo Juvenil y su Influencia en el Mercado de Trabajo – Realidad Comparada Entre Brasil y Argentina. Trabajo presentado en el 7° Congreso Nacional de Estudios de Trabajo. Buenos Aires: Argentina

2. RODRÍGUEZ, A.; ASSMAR, E. M. y JABLONSKI, B. (2000) Psicologia Social. 19ª ed. Petrópolis, Vozes, pág 152.

3. BURRILL RUSSELL. La Iglesia Revolucionada del Siglo XXI. Buenos Aires: ACES, 49.

4. ALLEN H. HOWE, El desafío del Crecimiento de Iglesia.

5. ARENDH, HANNAH. Condición Humana. Trad. Ramón Gil. Barcelona: Paidós, 1993.

6. THURIAN, MAX. La fe en crisis. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1968.

7. LYOTARD, JEAN FRANCOIS. La condición Postmoderna: informe sobre el saber. Buenos Aires: Rei, 1995.